El Nitrógeno: la palanca de producción en la colza

22 octubre, 2020

La colza es un cultivo de gran desarrollo vegetativo, con una fuerte extracción de nutrientes, pero de gran restitución al suelo tras la cosecha, siendo un cultivo clave en la rotación actual de cultivos de muchos agricultores.

 

Un crecimiento dinámico de la colza, durante el otoño posibilita un mayor desarrollo vegetativo y un óptimo enraizamiento, aspectos claves para la obtención de altos rendimientos.

La disponibilidad de nitrógeno y fósforo, son especialmente importantes en siembras tempranas, ya que estos dos elementos favorecen el desarrollo vegetativo que posibilita una tolerancia al frío invernal, asociado a un desarrollo radicular, que fortalece a la planta.

El Nitrógeno es un elemento determinante en el crecimiento y desarrollo de la planta de colza, necesario durante todo el ciclo de cultivo e importante en la ramificación y formación de los botones florales.

 

Analizando la curva de absorción del nitrógeno en la planta de colza, vemos cómo hay un momento clave, que es el reprise de la vegetación tras la parada invernal. En este instante, la planta reactiva su desarrollo vegetativo y potencia toda su estructura sobre la que se sustenta el futuro potencial productivo.

La colza, tiene la capacidad de “captar nitrógeno en sus órganos” durante el otoño y luego movilizarlo tan pronto como la vegetación se reanude en primavera. Es por esto que debemos valorar qué cantidad “ha desarrollado” la planta y así ajustar la dosis que debemos aportar en el abonado de cobertera, para un rendimiento objetivo o esperado.

La biomasa o peso en fresco de la planta (Kg/m2) es un indicador de la cantidad de Nitrógeno absorbido o captado, pudiéndose valorar visualmente, medir de una forma física sobre el terreno “Réglette Azote Colza” o bien por métodos que utilizan sensores sobre satélites como es el proyecto FARMSTAR,  que Euralis se encuentra valorando desde hace unos años.

Si se fijan en esta tabla, pueden ver cómo hay una relación directa entre el estado de la colza a la salida del invierno, el potencial objetivo y la aportación nitrogenada a realizar, de ahí que tratemos de adelantar, dentro de lo posible, la siembra de la colza en zonas frías.

El principal motivo de incluir esta tabla, es que vean esta relación Nitrógeno-Estado de la colza-Rendimiento, con la aportación de cobertera a realizar. Siendo el análisis de rentabilidad el que cada agricultor debe utilizar para ajustar su dosis a aportar.

Incluso se puede apreciar, que, aún aplicando al cultivo enormes cantidades “poco rentables” de Nitrógeno, no es posible la consecución de muy altos rendimientos si tenemos una colza pequeña a la salida del invierno.

Por norma, para una aplicación superior a las 75 Unidades N2 (unos 300 Kg de abono), se recomienda fraccionar la misma en dos aplicaciones o incluso en tres si hablamos de parcelas del más alto potencial o de colzas con un muy escaso desarrollo a la salida del invierno.

Entre dos aplicaciones consecutivas, deberíamos tener al menos tres semanas.

 

No debemos olvidar la importancia del Azufre en la colza, siendo necesario aportar al cultivo unas 75 unidades, antes de mediados de febrero.

 

La experiencia nos indica, que la aportación de enmiendas orgánicas bien descompuestas o con baja proporción de paja, o la siembra sobre parcelas que años anteriores han tenido aplicaciones orgánicas, son beneficiosas por norma general en zonas frías, favoreciendo la implantación y sobre todo el desarrollo antes de la parada invernal. En zonas más templadas deberemos sembrar, en situaciones de fuertes aportaciones nitrogenadas, variedades con una buena tolerancia a la elongación.

Además del Nitrógeno, Fósforo, Potasio y Azufre como elementos importantes en el abonado, la experiencia adquirida nos permite recomendarles reconocer posibles carencias de algunos microelementos como son el Molibdeno y el Boro, no muy frecuentes, pero posibles.